domingo, 31 de diciembre de 2017

JUCHITÁN MÁS ALLÁ DE LA RESIGNACIÓN

José Noé Mijangos Cruz

Juchitán es un escenario contemporáneo que fractura la mentalidad de su gente, después que ha asumido una actuación protagónica ante la complejidad de siniestros en los que se encuentra inserto. Juchitán en fase de resiliencia opera con recursos adyacentes a los entregados por el Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros, y demuestra una vez más que los servicios financieros se doblegan ante su sobrevivencia inusitada. Juchitán y su área comercial, es un importante centro de decisión que contrae las ganancias de los acaparadores y moviliza las inyecciones de capital local. Su administración municipal no ayuda en nada, por eso Juchitán es su gente, sus desarrolladores empresariales, su mística de servicio y la naturaleza de sus productos.

En el entorno geográfico en el que se encuentra Juchitán, la resistencia se ha quedado menguada, pues los reclamos que los grupos contestatarios se atrevían a limosnear, han perdido la fuerza que ha sobrellevado un pueblo entero en pro de justicia y equidad. Los sucesos recientes, han puesto a Juchitán en un tono donde el emprendedurismo y la acción colectiva cohabitan en acciones de relevancia económica y social. Ante la amenaza que la administración pública municipal conviene en escalar hacia fines electoreros, la sociedad civil se prepara para desarrollar alcances inmobiliarios de grueso calado que podrían dar una imagen de mayor concreción ocupacional en las zonas que hasta este momento se encuentran en terreno llano, dada la urgencia de demoler los cientos de casas dañadas que aún quedan en pie.

La imagen urbana que un Juchitán contemporáneo necesita, debe considerar la vida moderna de sus ocupantes, pues nuevos desarrollos implican nuevos lenguajes de proyección técnica y profesional por donde debe pasar la acústica de los proyectos consultivos, núcleos de inversiones y conveniencias que preparen a los asociados de profesiones demandantes ante áreas de atención social y patrimonial que se enfoquen en atender requerimientos globales como las Zonas Económicas Especiales, y su gobernanza desde asambleas de participación comunal.

El área financiera generada sólo en bancos, debe diversificarse ante expectativas bursátiles y de transferencia tecnológica, recreando un dilema ante la llegada a la región del Istmo de Tehuantepec de Inversión Extranjera Directa que no sólo fluctúe como un blindaje de las leyes y del Senado mexicano, sino que también genere figuras asistenciales como el Senado estatal y el Senado municipal. Los bancos en Juchitán de Zaragoza son una reminiscencia de la oscuridad terminológica llamada “atavismo crematístico”. Se han visto limitados ante una exigencia de la región que demanda servicios financieros atingentes, con portafolio de inversiones hecho a la medida del consumidor promedio y resolviendo con prontitud sus sedes que no deben quedar vacantes pues los convierte en incompetentes, negligentes e indolentes. Existe un banco que hasta el momento no tiene resuelto su sede en Juchitán, sus cuentahabientes tienen que viajar a Santo Domingo Tehuantepec o a Ciudad Ixtepec.

Cuando los empresarios de Ciudad Ixtepec o Salina Cruz, agradecen a sus administraciones municipales por atender medianamente sus requerimientos fiscales, de promoción de la industria local y de la actualización de los bienes y servicios, una vez que el gobierno del estado coordina las bases de actuación obrero patronal, los empresarios de Juchitán lamentan que sus órganos públicos se encuentren rebasados, relentizados y en ánimo parsimonioso que la chabacanería les aplaude de sobra.


La imagen urbana de Juchitán es un pretexto para recomponerla desde sus cimientos siniestrales, habría que animar a la sociedad civil para que se diseñen sus espacios en función de un complejo industrial y comercial que revele su historia de trabajo, de productividad y de énfasis en asumir su responsabilidad generacional ante la oportunidad que la misma naturaleza le da.


Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en El Universal http://www.eluniversal.com.mx/articulo/noe-mijangos/nacion/juchitan-mas-alla-de-la-resignacion en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 29/12/2017, p. 7A)

viernes, 27 de octubre de 2017

SALINA CRUZ: HISTORIAS QUE SE VAN CON LA DEMOLICIÓN

José Noé Mijangos Cruz



Hace una semana fue demolida la casa de mis padres en Salina Cruz. Fue el saldo del terremoto que azotó el Istmo de Tehuantepec el pasado 7 de septiembre. Mi madre falleció un mes antes. Ella se fue como contando 30 días antes de ese evento natural que nos marcó para siempre. La planta baja recibió todo el daño estructural. Dos plantas más le sobresalían a esa casa donde transcurrieron encuentros que ahora nos recuerdan el esfuerzo de mis padres para obtenerla. El día de su derribo, mi padre se agarró estoicamente de su integridad para soportar los días de gloria que le ciñeron a esa casa su destino inusitado. Nadie hubiera pensado que terminaría así ese bien preciado para la familia.

Todo cobra sentido, ahora. Su demolición tuvo que ser en octubre, fecha que pertenece a esta familia como signo distintivo. Hace algunas décadas nace su primogénita y mis padres arrancaron su idílica vida en una fecha exacta al nacimiento de quien encabezaría su prole: 2 días después de su demolición. Mi madre, de vivir, no resistiría la tentación de encomendarle los escombros a sus seres divinos, esos seres que pertenecieron a su vida indígena. Hablaría su lengua, idioma que sólo interpretaría mi padre; vedado para el resto de su familia. Nunca nos enseñó el chontal y ahora nosotros pagamos la factura de la desindianización.



Por la parte externa, esa casa tenía una escalera de caracol, desde donde a ratos deslizaba en segundos mi humanidad por entre sus peldaños. Esa travesura era el terror de mis amigos de secundaria que no lograban superar el vértigo que traía aparejado el maniobrar a la altura de un tercer piso. Esa casa nos ceñía a la vida como sus aventuras contadas. La vista desde la azotea del tercer piso era magnífica. El mar se captaba con nitidez. Esa casa se encontraba a escasos metros del malecón. De seguir en línea recta hacia el mar, llegaría al muelle pesquero, travesía que de niño realicé en algunas celebraciones del Día de la Marina. La dársena podría contarse en sus partes seccionadas desde la magnificencia con que nos complacía la altura de la casa de mis padres. El astillero a la derecha. Frente a él, el muelle que atracaba barcos petroleros, para terminar el recorrido de la dársena con el muelle fiscal. En algunas ocasiones desde la azotea de esa casa, siendo un escolar en transición de la primaria a la secundaria, pretendí saludar a mi papá que maniobraba en el muelle petrolero. Lo recordaba de una foto, parado sobre el muelle, viendo cómo se las arreglaban sus operarios en un buque tanque petrolero.

A mi madre la capté más de una vez en la cocina de la planta intermedia de aquella casa derruida, dominando las legumbres o sentada frente a la tele. Hasta los últimos días, la televisión la apasionaba por las tardes. Tardes de pan de su pueblo y amplias tazas de café. Su risa o su cara expectante no la puedo olvidar. Al pie de esa casa la celebración de su virgen mágica nos recordaba que ya estábamos en diciembre. Fiel a esa celebración esa casa retumbaba con los sones que orquestas le rindieron como honor durante el “baile velorio”, todos los años. La virgen de Guadalupe fue su pasión. La capilla que ahí existe para celebrarla, es un afán inquebrantable de mi madre por no olvidarla nunca. Su campana la despidió aquél 9 de agosto. En vida, ella mandaba avisar con los campaneros asignados (uno de ellos es mi papá) en toque de responso que había un fallecimiento en el perímetro.



Los nietos albergaron esa casa como propietarios natos. Decían que era su casa y que no habría poder humano que los pudiera relevar del cargo. Conocían cada escondrijo para pasar inadvertidos. Corrían sobre sus confines con precisión. Sus pies eran una suerte de dios Argos y su gracilidad una suerte de poder ubicuo. Hace unos días recordamos a uno de ellos, que de vivir, hubiera cumplido el 21 de octubre 34 años.

La habité por última vez de 2002 a 2004. Mi habitación en el tercer piso miraba hacia el cerro próximo. Cerro cuyo cimiento de piedra no dañó casas. Esos benditos cerros salvaron a Salina Cruz. Vivir en las zonas bajas fue donde se rescoldó el efecto del sismo de magnitud inusual en la zona. La casa de mis padres fue seleccionada para perecer, si a alcances tiránicos de la madre tierra nos atenemos. Ya no existe más. Fue el pensamiento grande de mi padre que hace unos días en un restaurante me contó desgarradoramente: “debí hacerle caso a tu mamá, no debí insistir en que se levantara un tercer piso”.


Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en El Universal http://www.eluniversal.com.mx/columna/noe-mijangos/nacion/salina-cruz-historias-que-se-van-con-la-demolicion y en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 27/10/2017, p. 7A)

miércoles, 18 de octubre de 2017

DESGRACIA AJENA Y SU CONSUMO EN ZONA DE DESASTRE

José Noé Mijangos Cruz

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Twitter SEDATU

Una proporción de gente del Istmo de Tehuantepec radicada en varios puntos del país e istmeños agenciados en este perímetro, se constituyen como avales de terceros interesados que ofrecen un sinfín de productos y servicios para ayudar a sus paisanos (con esa intención se propaga). Pulula un sinnúmero de ofertas de empleos (explotación programada), incentivos para el emprendedurismo (usted da el dinero, le hacemos llegar la cena a una familia en desgracia y yo lo administro) o la típica dádiva de la despensa electorera. Todo esto con la actuación complaciente de autoridades que a algunos voluntarios les retiene la carga y a otros, en cambio, le otorga salvoconductos para hacerse de un lucimiento personal tras la necesidad consumista de los informes impropios que vaticinan mayores catástrofes para los habitantes de la zona.

“Ellos se conforman ahorita con todo…”, reza la conmiseración mercenaria que lucra con la pobreza preconcebida para endilgarles su afán de esfuerzo inútil y destino manifiesto de miseria ancestral. Nada será mayor que la utilidad de renacer de entre los escombros, mientras permita renacer a trasnochados profesionales del arte, la cultura, la política y el empresariado. Deslucidos y faltos de gracia, de fama y de inversiones, presuntos voluntarios acechan el cráneo famélico a punto de doblegarse sedientos de su lastimera y acomodaticia actitud servil. Servirles a los recién llegados, se ha convertido en la desgracia detrás de la desgracia. Ahora una delegación extranjera que en vez de mandar su fuerza productiva hecha tecnología, envía personal médico que hay que sostener en esta situación agobiante para la economía local. Mañana una caravana artística que dejó su fama en la utilería y la tramoya, que espera ser reivindicada por supuestos actos píos. En otra ocasión voluntarios que al tener la aplicación sismológica en sus dispositivos, no dejó dormir en los campamentos a los damnificados, pues cada cinco minutos habría que replegarse a áreas dispuestas por ellos. Pasando por psicólogos que desean despuntar aumentando el pánico para este consumo profesional. Hasta saltimbanquis que se roban el corazón del público en sus actos, así como el plato en la mesa.

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Ser agradecido no debería ser sinónimo de mayor esfuerzo que el que ya de manera infrahumana se padece. Quien venga a servirse de la desgracia istmeña, debería ser tratado con un agradecimiento magro, al alcance de un “circúlele”, “usted allá y yo acá”, “yo me muevo para no salir en la foto”, “si usted necesita evidencias fotográficas, de video, yo necesito tranquilidad”. En eso se escudan las metrópolis: la estatura ciudadana la crean las ciudades. La provincia, ¿cuándo detentará su resistencia autonómica?

Al Istmo de Tehuantepec, artistas plásticos de fama supina le quieren vender supuestas obras de arte para que lo recaudado se done a los damnificados. Comerciantes de prendas autóctonas, tienen a presuntas tejedoras, bordadoras y artesanas de la confección para ayudar a proliferar la economía local, no obstante el volumen disparado en últimas fechas de desconocidos en ese rubro económico que se aprovechan de la desgracia para generar competencia desleal a quien sí lo venía ejerciendo desde antes del terremoto del 7 de septiembre. Es la hora de desembodegar la mercancía, crear una necesidad cualquiera y hacerla pasar por un precio tasado de acuerdo con la desgracia: “ellos (los damnificados) te necesitan”, “no te niegues a colaborar”, “esta es tu oportunidad”.

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Los aspectos mercadológicos inundan el espacio vital del habitante promedio del Istmo de Tehuantepec. Arquitectos e ingenieros civiles lucran con una vivienda increíble en la virtualidad y disfuncional ante la actividad sísmica. Habría que leer entre líneas las casas fastuosas que ya se han demolido en la zona de La Riviera de Juchitán de Zaragoza. Su reducción a escombros y después a espacios huecos, hace elucubrar que su altivez estética no necesariamente ha vendido su solidez arquitectónica. El profesorado que se alquila en instituciones privadas, se encuentra sin ingresos, pues los propietarios les tiran la bolita a los padres de familia que piensan que pagar la colegiatura del mes de septiembre es inaudito, hasta el adjudicarle al docente el costo de la reparación que representan sus propios intereses patrimoniales.


Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en El Universal http://www.eluniversal.com.mx/articulo/noe-mijangos/nacion/desgracia-ajena-y-su-consumo-en-zona-de-desastre y en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 18/10/2017, p. 6A)

lunes, 25 de septiembre de 2017

EL ISTMO Y SUS RÉPLICAS SÍSMICAS

José Noé Mijangos Cruz

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El Istmo de Tehuantepec se resiste a pasar a segundo plano, luego del protagonismo que le autorizó tener a la figura presidencial por estas tierras desde lo acontecido el 7 de septiembre. El sismo que sorprendió a la Ciudad de México por segunda ocasión, en la misma fecha, 32 años después, generó que las escasas aportaciones que venían llegando a aquella región, suministros que en volumen llegaban en forma de víveres y medicamentos, se interrumpieran hasta que las condiciones devenguen visos de control sobre el abasto ante la contingencia.

Algunas organizaciones, escasas a estas fechas, aunque siguen circulando ese tipo de beneficios en la región del Istmo, consideran agotada su tarea, luego de que los albergues que se instauraron para darle cabida a los damnificados cuentan con lo necesario para atender sus necesidades, que cubren el mínimo básico, en espera de obtener condiciones de rehabilitación, remoción o construcción de sus viviendas. En Juchitán, las despensas no han agotado la vida comunal. Los comedores comunitarios que existen en la novena sección, son un ejemplo de que se vive con el ánimo generoso por restablecer sus jornadas a partir de obrajes que requieren tecnología que ellos mismos hacen funcionar y un capital que se logra a partir del ahorro familiar.

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En Juchitán, el mercado vive en el parque municipal. Hasta este viernes lucía un abasto importante de víveres a precios controlados, cuya diversidad hacía encontrar gran parte de los artículos de la dieta de un poblador istmeño promedio. Es una comunidad donde los hornos para preparar pan, pescado, comixcal o totopos, reclaman a la economía local su normalización inmediata, pues con los recientes sismos muchos hornos istmeños resultaron dañados y cuya reparación no garantiza su cabal funcionamiento.

La economía tradicional de Juchitán y de las comunidades del Istmo de Tehuantepec, es quien está abasteciendo a las familias de esta región. El trabajo del comerciante minorista que se avitualla de fletes foráneos suma puntos a favor de los lugareños que pueden conseguir artículos para el sustento diario. Los supermercados y las tiendas de conveniencia franquiciatarias eluden su responsabilidad de abasto, no obstante que el capital invertido se encuentra asegurado. Las despensas, así como guarniciones para hacerle frente a la intemperie (lonas y colchas) se han traducido para los gobernantes, en desidiosas e insidiosas (se da y se recibe a conveniencia, según lo demande el contexto), administrándose la dotación como si se le vendiera austeridad a quien la padece, aunado a medidas raquíticas para disponer de créditos morales a quienes necesitados de evidencias para mantener su prestigio conseguido en razón de una desgracia nacional, requieren posar para la foto.

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La reconstrucción del Istmo es mayúscula y se teme que ahora lo aportado por fondos internacionales que operan a manera de seguros en materia de siniestros, sean redistribuidos a lo largo y ancho del país, no obstante se haya logrado a partir de una magnitud sufrida en la escala de Richter en el orden de los 8.2 grados, cuyas comunidades afectadas son solamente los 41 municipios oaxaqueños documentados aquella noche del 7 de septiembre.

En Asunción Ixtaltepec, el puente emblemático que lo unía con El Espinal ha pasado a la historia, donde se notó sólo la orden de no transitarla, sin que se supiera su destino, como se debe proceder ante una sociedad informada. Además el río bajo ese puente, se está llenando de cascajo, sin hacer conciencia sobre una probable represa que magnifique las inundaciones ante los meteoros que siguen haciendo presencia en la zona.

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El Istmo de Tehuantepec amaneció sobresaltado este sábado. La memoria colectiva se debatió entre la ansiedad y la frustración: otra vez reportarnos con los familiares para informarles que estábamos vivos, otra vez el desabasto de artículos básicos, otra vez las señales de telefonía móvil restringida, otra vez la deselectrificación, otra vez taxis y mototaxis creyéndose indispensables para la travesía extraordinaria. Gente saliendo y entrando a colonias donde viven sus parientes con patios o terrenos para alojarse temporalmente. El miedo nos atacó con fuerza. ¿Otra vez la libraremos?, se escuchó musitar en nuestra conciencia.


Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en El Universal http://www.eluniversal.com.mx/articulo/noe-mijangos/nacion/el-istmo-y-sus-replicas-sismicas en The Mexican Times http://themexicantimes.mx/el-istmo-y-sus-replicas-sismicas/ y en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 25/09/2017, p. 6A)

miércoles, 13 de septiembre de 2017

EL JUCHITÁN DE FERRATER MORA

José Noé Mijangos Cruz



La comunidad de Juchitán no era conocida con la solidez de una población en donde la pujanza urbana, comercial o social, hubiera aparecido con esa fuerza que prevalece en las metrópolis. A no ser que la política se instalara como ocurrió hace unas décadas, Juchitán vivía de la emoción local en una trinchera artesanal. A Juchitán le acaba de pasar lo que alguna vez sugirió para la comunidad catalana el académico español radicado en los Estados Unidos Ferrater Mora: que un terremoto se hiciera presente en la Generalitat del entonces presidente Jordi Pujol para que esa región autónoma se diera a conocer.

Juchitán ahora recorre el mundo ante un escenario inédito: su población sufre un terremoto de 8.2 grados Richter, en donde la mayoría de las viviendas se afectaron considerablemente y en donde el luto pesa con esa nebulosa de dislocación ambiental que circunda sus calles y el zócalo tradicional. Juchitán se encuentra acaparando la noticia ante una situación que lo ha llevado a ser el discurso preferido de la política, ante una porción de esa sociedad que resiente su dolor en la desesperanza, la incomprensión y la falta de desempeño meteórico de sus autoridades.



El centro de la ciudad de Juchitán, Oaxaca, lugar emblemático por su concurrencia permanente, está en una situación de deterioro que impide habitarse, incluso, arremolina a sus pobladores pero ahora para servir de culto a la catástrofe y no para la plática amena y la reunión social. Los daños son cuantiosos y el luto sólo quedó en la bandera izada en los primeros minutos del viernes por un habitante que se aprestó el duelo ante un promontorio de sutilezas que contaban la historia y la gallardía de sus habitantes, aunque la sencillez de vida que llevaban no robara el protagonismo que ahora algunos medios de comunicación y familias encumbradas de este lugar pretenden robar sin ningún escrúpulo. La declaratoria de zona de desastre debe elevarse al nivel de enviar recursos urgentes para comenzar los trabajos de rehabilitación de accesos principales, barrido de escombros, demolición de casas inhabitables, construcción de inmuebles y readecuación de edificios públicos.

Juchitán es su gente campirana, sus artesanos, sus artistas, en una comunidad que todavía conserva la templanza de una raza que empieza con lucidez sus labores matinales, una comunidad que festeja en las calles sus danzas y sones que pendulan esas vestimentas únicas al compás de una altiva paisana y un acompañante que coordina su atuendo con su esfuerzo cultural legado centenariamente. Al Juchitán de Ferrater Mora, también se le anota Unión Hidalgo, Asunción Ixtaltepec, Ixtepec y Salina Cruz, entre otras localidades. Comunidades que fueron minimizadas por alguna razón de desinformación extendida hacia autoridades federales, estatales y municipales.

Los que habitamos este lugar, vivimos una noche comprometida aquel fatídico 7 de septiembre. La situación era de descontrol general. Personas deambulaban por las inmediaciones de Juchitán pretendiendo alejarse de este lugar que alguna vez los cobijó. Alejarse de Juchitán fue la idea más sobresaliente. Los que se quedaron, generalmente eran habitantes nativos de Juchitán que querían disponer de recursos para auxiliar a sus familiares, pero los recursos eran escasos. El servicio público de transporte colapsó, ante la amenaza sumada de delincuencia avalada por la oscuridad de la noche y la deslectrificación. Ya de por sí la delincuencia desatada del Juchitán de Ferrater Mora venía encumbrándose desde hace un buen tiempo, lo que puso a los habitantes en ascuas tras el uso de la fuerza pública municipal sólo para hacer presencia continua en su zócalo o zonas céntricas, ocupando la periferia esa misma policía sólo para distribuir personal desde su cuartel y hacia su cuartel.



Pocos hemos recorrido sus áreas céntricas. La tristeza y la preocupación de otro movimiento semejante al del jueves 7 de septiembre, sigue viviendo entre sus ocupantes. La zona de La Riviera, donde se encuentran viviendas de interés alto, sufrió daños inmensos, pues se encuentran colapsados algunos inmuebles y otros con daños en bardas y paredes. Los vidrios astillados se notaron en Harmon Hall, centro de enseñanza que se encuentra en esa misma zona.

La venta de pánico es fluctuante en el ambiente juchiteco. Mayor pánico genera mayor utilidad de las ventas a precio alzado, además que propicia mayor encubrimiento de ayudas presuntamente humanitarias que traen aparejados tintes políticos de grueso calado.

Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en El Universal 13/09/17 http://www.eluniversal.com.mx/columna/noe-mijangos/nacion/el-juchitan-de-ferrater-mora y en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 11/09/2017, p. 6A)

domingo, 20 de agosto de 2017

ORGANISMOS VIVOS Y FAUNA PERRUNA EN OAXACA

José Noé Mijangos Cruz




Hace mucho tiempo la intelectualidad mexicana leyó un discurso sobre el “derecho de los guijarros”, una idea petrificada sobre el hecho de no mover de su función original a las piedras de río, pues generaban un ecosistema virtuoso para la organización de los seres vivos. Por ejemplo, la “intemperización biológica”, posibilita que el musgo destruya a la piedra por un proceso natural que desmineraliza los obstáculos originales para el torrente que se lanza al vacío y genera maravillosas imágenes de vida silvestre. Eso, incluso, me permitió escribir una metáfora en el año 2005 (ca.) en la revista El Mundo del Abogado: “… como la horadación natural que recolecta el agua y vuelve la cascada a su remanso.”



Los seres vivos quizá no estén en la opinión general con el afán de protegerlos o preservarlos, están perviviendo ante una escasa comprensión del mundo sobre su coexistencia en esta participación humana llamada: civilización. Las redes sociales, si bien han exhibido comportamientos inadecuados respecto del maltrato animal, no han permitido, por otra parte, ahondar el signo distintivo de nuestra consideración apropiada a los seres vivos. En vez de hacernos a la carga de buscar culpables, deberíamos adquirir competencias de readecuarnos a la coexistencia de los seres vivos, como un generoso proceso de repercusión ambiental.

Los dispensarios de agua y comida que se han venido proponiendo para generar certeza de sobrevivencia a los animales domésticos en situación de calle, si bien comienzan a preocupar a la población que habita esta entidad, no han logrado redimensionarse como información ante un público que delimita sus necesidades humanas ante una preocupación de escasez general. Oaxaca comienza a resentir “abandono y maltrato animal”. La población perruna en situación de calle, ha venido a ser la fauna que más resiente la incomprensión general de un habitante oaxaqueño que rechaza la coexistencia con la vida animal y que en grado relativo, asume una indiferencia que controla el panorama reduccionista de producir afectando los intereses en la calidad de vida de los seres que lo circundan.



Si bien la sociedad política no ayuda en mucho, la sociedad civil debe recomponer los signos de control institucional para devolverlos al control pedagógico-instrumental que reeduque a una población que no vuelva pieza de museo a una fauna que necesita coexistir en los distintos órdenes en donde se generen espacios ambientales dignos de los que lo habitan. La calidad en la vida de los seres vivos, no es una capacidad de respuesta que espera ser lisonjeada, pues es el círculo virtuoso que podría generar un cambio en la manera de convivir, tanto humana como vegetal o animal.

El ser humano no puede ser indiferente a su capacidad de respuesta crítica que le da sentido a la convivencia pacífica con los seres vivos. Filósofos de nuevo cuño, se han dado a la tarea de volver orgánico lo inorgánico, no en su base científica de proliferación o supervivencia, sino en el debate de poner lo inmaterial, como los guijarros, ante una amenaza de su existencia si su movilidad es provocada por la mano del hombre (respuesta antrópica), pues eso también pondría en desventaja al musgo que crece por sobre ellos y mineraliza en un proceso natural las afluentes.

Revictimizar a la población perruna que sufre los embates que el ser humano le impone en su proceso inconsecuente de convivencia social, perseguiría una reacción inconsecuente por buscar culpables que sufren la desventaja del linchamiento social, cuando en realidad, la sociedad política se mantiene inmóvil en su consecuente gusto por el poder, derrochando recursos que usan de manera inapropiada y acostumbrándose a buscar más recursos para programas emergentes que incumplen por sistema, mientras la población espera un ataque frontal a los problemas cotidianos que como en este caso, llevan deterioro, daño e indolencia ante la preocupación de atender las necesidades de animales domésticos como los perros y los gatos callejeros.



Oaxaca ha entrado a una oferta política municipal que termina en el 2018 y en una oferta política que lo gobernará 6 años a nivel entidad federativa, su sociedad política no atiende la demanda de la sociedad civil, por eso la sociedad civil deberá volver a los cauces originales los compromisos políticos mediante educación de calidad: formal, no formal e informal.


Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 20/08/2017, p. 6A)

martes, 18 de julio de 2017

SUSTENTABILIDAD EN EL ISTMO DE TEHUANTEPEC

José Noé Mijangos Cruz

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Es una expresión que generalmente se le vincula a la preservación del medio ambiente, pero al manejarla con el hincapié acostumbrado se le aísla de su carácter filosófico cuya magnitud escapa del control riguroso de su creación por considerársele poco redituable a los alcances utilitaristas de los organismos que rentabilizan la función evaluadora de las metas que una sociedad se impone desde la estandarización internacional.

La sustentabilidad trabaja con muchas dimensiones, y una muy importante es el empoderamiento de la ciudadanía y la participación social. Como tal, se espera que los derechos universales del ser humano queden total e integralmente reconocidos en la realidad circundante. Por ejemplo, un nativo no podrá esperar emigrar de su contexto original como tampoco deberá permitirse ser excluido de su propia realidad social. Muchos casos esperan turno ante el papel poco garantizador de los países que como México buscan salir urgentemente del subdesarrollo.

El Istmo de Tehuantepec queda expuesto desde esta perspectiva poco realista que se le avizora en un futuro rentabilizador de su economía local, a una desventaja comparativa y competitiva que algunos puentes terrestres como el norteamericano ya operan con éxito casos de desplazamiento este-oeste, en donde el corredor transístmico quedaría sin función operativa de alto rendimiento, habida cuenta de sus limitadas capacidades para atender la demanda de travesía de contenedores como se encuentra prevista en años venideros.

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Sustentabilidad aquí, luego entonces, debería considerarse la probabilidad de debate serio entre las comunidades del conocimiento del Istmo de Tehuantepec, para atender la magnitud de su previsible operación, o la oferta de otra fuente de producción que no termine siendo ni la Zona Económica Especial tardía, ni el favorecimiento de la intervención estatal que implique la deformación de la actividad tradicional económica regional, para un espacio de maquila tecnológica en donde se incube a una clase media, se generen desechos tóxicos y se detenga una transformación del espacio ecológico ya de por sí en peligro de extinguirse.

El Istmo de Tehuantepec mantiene escuelas políticas de resistencia social, ahora debe generar comunidades del conocimiento que desde los espacios virtuales mantengan vigente la chispa de la ocupación por el entorno geográfico, el planteamiento de una lengua original con enfoque educativo, que desde los espacios de la informalidad familiar, pasen a las comunidades del conocimiento de las redes sociales también conocidas como aprendizajes no formales, para que de ahí se matricule a instituciones de educación formal en ciclos que otorguen grados, en un todo orgánico que trascienda su realidad y se afronte como capacidad discursiva y opere como competencia transdiciplinar.

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Las sociedades istmeñas del conocimiento, en sus entornos virtuales, deberán superar facetas de alfabetización en espacios digitales de educación no formal, y obtener de la hiperconectividad ventajas de discusión en tiempo real o remoto que genere una situación de cambio e innovación por sobre los ciclos educativos formales, animando la actualización de contextos o nodos de convivencia cuyas situaciones sociales no dejan duda que no desean obtener grados, pero que si se encuentran interesados en buscar una mejora de actualización del cómo operar su proyecto de vida por muy modesto que éste sea.

Si bien el capital extranjero es un motor de operación financiera en los sistemas sociales, también se sabe que es un mundo occidental de explotación, cuyo plato se sirve con guisados exquisitos aunque la mexicanidad opere como servidumbre, y la clase política mexicana (de élite) sea atendida en el patio trasero. Los organismos internacionales no han hecho lo suficiente para orientar y fiscalizar lo que los países hacen en materia de respeto a los derechos fundamentales, aunque la sustentabilidad sea una bandera que se asome de vez en cuando en el menú de las discusiones hemisféricas.

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Para otra ocasión que se hable de sustentabilidad, dejemos que sea el fin el que se exclame: respeto irrestricto a los derechos universales del ser humano, y no el medio, ecologizar, medioambientar, o consumir el reciclaje motivado por la operación trashumante de los capitales frívolos. Consumir es la tarea que se nos otorga como mensaje equivocado.


Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 18/07/2017, p. 6A)